I

El año de 1965 posee una particularidad digna de men­cionarse en la historia de la literatura. Por un lado, el irlandés Samuel Beckett dirige en Nueva York -junto a Alan Schneider, célebre director de varias de sus obras teatrales- la película “Film”, con la actuación de legendario Buster Keaton. Por el otro, Salvador Elizondo realiza en la ciudad de México” Apocalypse 1900″, con la participación del aclamado cineasta Luis Buñuel dando voz a uno de los “Messieurs ” protagonistas del filme.

La coincidencia de que dos escritores, el mexicano de carrera incipiente y el irlandés en la cúspide, tuvieran ne­cesidad de abordar el cine como vehículo de expresión creativa merece una reflexión, ya que ambos incorporaron en sus respectivas películas los temas y discursos que ha­bitaban constantemente sus literaturas. Otro curioso símil es el hecho de que ambas cintas son breves: “Film” dura 21 minutos y “Apocalypse 1900″ tan sólo 22. Ambos autores recurrieron, además, a lenguajes cinematográficos poco usuales en su tiempo: Beckett retomó el cine silente, habi­tual en la primera parte de la carrera de Keaton, y el blanco y negro como lienzo para trazar el contenido de su pieza, cuyo punto fundamental es el problema de la angustia del Ser a través de la percepción del Otro y viceversa; Elizon­do, por su parte, empleó para ilustrar su película graba­dos científicos de principios del siglo veinte, particularmente de la revista”La Nature” y del Manual operatorio del doc­tor H. L. Farabeuf. “Apocalypse 190″ plantea fundamental­mente otra angustia: la del fin del mundo, el Apocalipsis. Su realización es simple pero poderosa; una sucesión de imágenes fijas, diálogos y música le dan forma definida, y su montaje total -concebido como una pieza plástica-evoca no sólo al surrealismo; su estética y sentido del hu­mor hacen pensar específicamente en la obra de collage del artista suizo de filiación dadaísta y surrealista Max Ernst.

Si la obra literaria de Beckett experimentó lenguajes es­trechos y poco líricos para expresar con el mínimo de re­cursos verbales los temas fundamentales de su universo textual, su pieza cinematográfica reafirma su peculiar estilo y resulta el corolario tácito a su obra dramática. Es decir, Film tiene correspondencia con la obra dramática de Beckett y a su vez sintetiza cinematográficamente elemen­tos propios de su discurso literario. Felizmente, “Apocalypse 1900″ también logra coincidir con la literatura de su autor: la película es enfática, por ejemplo, al señalar la relación de Elizondo con ciertos autores franceses, como Georges Bataille, a quien tradujo e introdujo en el panorama literario de nuestro país en los años sesenta. También interesante es el hecho de que Elizondo echa mano de las imágenes del Manual operatorio, mismo que inspiró su libro “Farabeuf”, publicado también en el emblemático 1965.

II

Salvador Elizondo realizó “Apocalypse 1900″ como reflejo de un filme nunca logrado, “El método Czerny”, del cual se con­serva sólo el guión. Filmó la película con el propósito de participar en el Festival de Cine Joven de Avignon, Francia, pero un defecto de revelado le impidió llegar allí. La produc­ción corrió por cuenta de su primera esposa, Michel Albán, quien ocupó también un lugar dentro del catálogo de voces de las “Mesdames”. La cinta fue presentada y fotografiada por Fernando Belina, quien en los años cincuenta había trabaja­do como gerente de producción en películas emblemáticas de la época de oro del cine mexicano. Otro insigne colabo­rador fue Giovanni Korporaal, italiano que tras estudiar en el Centro de Cine Experimental en Roma se mudó a México y logró dirigir uno de los pocos largometrajes experimentales de la época, “El brazo fuerte” (1958), inspirado en un cuen­to de Juan de la Cabada.

La película de Elizondo fue filmada de manera casera con una cámara Bolex de 16 mm. y se estrenó en la inaugu­ración del conjunto Aristos en 1966; se exhibió una vez más en el cine club del IFAL y permaneció largos años en el olvido. Fue el propio Elizondo quien se ocupó de ocultar­la; incluso en varias entrevistas erró de manera intencional su contenido y le restó importancia. Por otra parte, en la vasta bibliografía sobre Luis Buñuel no aparece nunca el apellido Elizondo, cuando es de suponer que la colabora­ción de Buñuel, mentor del grupo Nuevo Cine, haya ido más allá de poner su voz; en la manufactura del filme se percibe la influencia del autor de “La edad de oro”.

“Apocalypse 1900″ sucede durante la Belle Époque y su te­ma recurrente es el amor; celebra el triunfo de la sociedad burguesa y sus excesos; magnifica y critica con gran sentido del humor el desarrollo de la ciencia y la tecnología. La fa­bricación y el uso de máquinas, la exploración del cuerpo humano, el empleo excesivo del teléfono y la bicicleta son, en la cinta, sólo el preámbulo del invento máximo, obra del Profesor Kovacks, el tanatógrafo universal. Es gracias a tal invento que se desencadena el cataclismo: nada ni nadie puede huir del fin del mundo, la repetición de los diálogos recuerdan las líneas interminables de Farabeuf. Resulta interesante saber que Apocalypse 1900 es, también, un catá­logo de las lecturas de Salvador Elizondo; en ella se escuchan fragmentos de Charles Baudelaire, Eugene Sue, Lautrea-mont, Marcel Proust, Jean Cocteau, Georges Bataille, André Bretón… La música es resultado, de igual manera, de sus melomanías personales: Wagner, Offenbach, Guilbert, Chopin, Franck, Von Suppe, Lennie Tristano… Al final se percibe una pieza de jazz, quizá revelando la influencia de los poetas Beat (recordemos que Elizondo frecuentaba, con dry martini en mano, en el Hotel Chelsea, a William S. Burroughs).

A 42 años de su creación, y tras 40 años de olvido, “Apocalypse 1900″ consolida a Salvador Elizondo como una de las sensibilidades más sorprendentes del siglo veinte mexicano.

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