En la reciente entrega editorial para Editorial Tusquets de Enrique Krauze (México, 1947), ”Retratos Personales”, el también empresario cultural realiza un minucioso análisis de algunas de sus figuras tutelares en lo intelectual y lo humano; a mis ojos destacan los textos sobre Octavio Paz y Emilio “El Tigre” Azcárraga. Respecto a Paz la composición es lúcida, incluso hace recordar aquellas invocaciones prodigiosas del propio Octavio respecto a Xavier Villaurrutia y Los Contemporáneos. Una revelación extraordinaria es aquella en la que acepta textualmente las filias y entusiasmos del autor de “El laberinto de la soledad” con el proyecto de modernidad político y económico encabezado por el entones presidente Carlos Salinas de Gortari. Lo anterior no es nada nuevo para algunos, pero en los días furiosos que se viven hoy en día respecto al Salinismo, cabe destacar la honestidad de Krauze para aceptar que las esperanzas de Paz estaban cifradas en un proyecto que ilusionó a mas de uno, incluyendo aquellos que entonces viajaban en su avión presidencial y que años más tarde criticaron ignominiosamente al Nobel y al artífice de la modernización de México. Cabe recordar también que por iniciativa, en gran medida de Paz, fue creado en diciembre de 1988 el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, organismo que logró fundar el canal 22 y que hoy se encuentra en crisis y bajo la lupa por los excesos de su presidente Sergio Vela. El Tigre con el transcurso de los años, como todo en México, ha sido pasado a ser menos que un mito, desde la biografía realizada por Andrew Paxman su figura ha pasado al escenario del olvido por parte de la historia reciente, Krauze rescata al Azcárraga humano y generoso, al amigo y mecenas entusiasta que todos anhelan tener o que México quisiera tener. Recordemos que pese a darle telebasura a los mexicanos con personajes y productos como Chespirito y Raúl Velasco, Azcárraga apoyó , a través de la Fundación Cultural Televisa diversos proyectos culturales memorables como el “Encuentro Vuelta. La Experiencia de la Libertad” e incluso intento que el canal 9 tuviera una orientación cultural, cosa que en la actualidad ni en sueños sería posible en el emporio televisivo. El encuentro fue terriblemente criticado por la izquierda mexicana asignándole motes como el de “La Internacional Fascista” vale la pena recordar la fina respuesta de Paz respecto a los detractores del encuentro: “En la jerga estalinista, heredada por varias sectas de izquierda, todo el que luchó contra la esclavitud, la tortura, la censura y la tiranía, es automáticamente fascista. O sea: un fascista es aquel que luchó contra esos horrores en todas partes, en lugar de distinguir entre tortura de derecha y tortura de izquierda o entre esclavitud progresista o esclavitud reaccionaria. En esta lógica, a personas que fueron víctimas tanto del nazismo como del comunismo -éste es, precisamente, el caso de muchos de los participantes en el Encuentro Vuelta- se les ha llamado una y otra vez fascistas. Para todos esos estalinistas, maoístas, castristas, que lamentan con histeria el derrumbe de las tiranías comunistas, fascistas equivale aproximadamente a liberal. Según ese criterio; Koestler, Silone y muchos otros defensores de las libertades cívicas y de los derechos humanos fueron fascistas. De todo esto se desprende que los participantes en el Encuentro Vuelta no estamos en mala compañía. Denunciamos ante la opinión pública mexicana ese mal disimulado residuo de la mentalidad y de la actitud estalinista, en gente que no ha aprendido nada…”.

Las consideraciones van cercanas a la gratitud que Krauze le debe al magnate de los medios y sus notas están exentas de críticas y reproches. El estilo actual de Krauze va más allá del “cuidado” que exigen los académicos y esta más próximo al de una confesión honesta y sapiente propia de su estatura moral e intelectual, es antes que nada un ejercicio de franqueza, mismo al que no están sujetos personajes camaleónicos como aquellos otrora colaboracionistas e izquierdosos perenes y devenidos en férreos críticos de ambos imperios, el de Emilio Azcárraga Milmo y del presidente Carlos Salinas de Gortari y en secreto del imperio liberal del dueño de Letras Libres.