Que existió la presencia de jóvenes adultos mexicanos con las FARC colombianas el día de la incursión del ejército del presidente Álvaro Úribe en el Ecuador, es un hecho absoluto. Que los orígenes de su vínculo con la guerrilla identificada con el narcotráfico internacional sea con “fines académicos” esta aun a debate. Que el campus de la Universidad Nacional Autónoma de México albergue o células guerrilleras sudamericanas o de cualquier otro hemisferio, no es un hecho probado, pero tampoco un hecho negado, para elaborar una pequeña opinión al respecto basta con mirar la cantidad de propaganda ex profeso comunista que ensucia los pasillos de algunas facultades y el basurero en el que se ha transformado el auditorio Justo Sierra de la Facultad de Filosofía y letras. También quizá es debido hacer memoria y recordar las filias ideológicas de quienes encabezaron la absurda huelga y secuestro que padeció nuestra máxima casa de estudios hace algunos años, era el tiempo del radicalismo del CGH.
El espíritu que emana de la UNAM y que compartimos la mayoría de sus autoridades, académicos, trabajadores, alumnos y ex alumnos y que pondera el respeto a las ideas y las libertades de los pueblos y los individuos es una característica fundamental de la universidad, pero no significa que por ello se deba albergar de manera impune a grupos que lo que buscan es utilizala con fines políticos. No son precisamente la mayoría de los universitarios los que tapizan con parafernalia marxista-leninista los pasillos de muchas facultades.
La doble moral con la que se tolera a esos grupos en nuestra sociedad es en definitiva impúdica y absurda,un ejemplo: el auditorio de la Facultad de Filosofía y Letras lleva una infinidad de años “tomado” por un grupúsculo de “don nadies”, que al igual que en su tiempo con el secuestro de Casa del Lago por parte de un individuo ya olvidado como “llanero Solitito”, no han logrado más que ensuciar el recinto sin propuestas culturales o artísticas de por medio. Ahí se puede traficar todo tipo de piratería, libros robados, garnachas, drogas, caguamas y demás instrumentos didácticos de primera necesidad para la comunidad universitaria. Pero no solo esta actividad subversiva es lícita dentro del campus, claramente se puede ver todo tipo de grupos de apoyo a diversos movimientos de índole revolucionaria que esto se torna en algo triste y hasta cómico. Chavos de toda clase militando libremente y pontificando un sinfín de clichés dizque revolucionarios e izquierdistas se han convertido en un decorado que da para pensar mucho y pensar incluso de manera perspicaz. Si el libre acceso al campus es característica del espíritu universitario, al grado que algunos “compañeros” no reparan en orinar borrachos en la fuente que esta junto al acceso a la biblioteca central a plena luz del mediodía, porque no distribuir drogas o “coptar” miembros para las guerrillas sud américanas o incluso ¿por qué no poner una oficina de apoyo al regordete “sub Tomandante Marcos”? lo anterior no es culpa de la universidad ni de sus autoridades, ni de su comunidad trabajadora, académica y alumnado. La culpa no la tiene el indio, sino el que lo hace su compadre, versa el viejo refrán, a la UNAM no solo le han tomado el pie los farsantes y falsos profetas revolucionarios del fin de los tiempos marxistas-leninistas, también lesionan aquellos que bajita la mano siguen promoviendo y tolerando la vigencia del fenómeno revolucionario que ya demostró su inutilidad y sobretodo su peligrosidad, para recalcar lo anterior aquí publicamos un anuncio que el periódico la Jornada imprimió en su cartelera del Domingo 9 de Marzo, ¿qué pasaría si el anuncio convocara a un curso práctico de la doctrina Nacionalsocialista? Imagino, claro, que la Jornada no lo publicaría, ni los rijosos comunistoides que deambulan por los pasillos de la UNAM aceptarían en un acto de tolerancia su difusión, pero que va, sabemos todos que la tolerancia es aquello que no conocen, defendamos a la Universidad.



